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Lacteos:
Verdades y Mentiras
Por el Dr. Daniel
Gabioud Almirón
A la hora de charlar con los pacientes sobre
la necesidad de cambiar el tipo de alimentación para
corregir problemas de salud (como el asma, las alergias y
la constipación entre otros) la principal dificultad
esta a la hora que se plantea la necesidad de suprimir los
lácteos. Por lo que resulta importante dar un explicación
exhaustiva sobre los problemas que acarrean los lácteos.
La leche es una secreción glandular
característica de todos los mamíferos. Los mamíferos
son un orden de animales cuyas hembras poseen unas glándulas
especiales (mamas) destinadas a alimentar a sus crías
en las primeras etapas de su vida. Una vez que la cría
alcanza un desarrollo suficiente para alimentarse de manera
autónoma, la leche es abandonada y jamás volverá
a ser utilizada en la edad adulta.
El ser humano es el único mamífero
que infringe esta norma: sigue consumiendo leche durante toda
su vida, y con el agravante de tratarse de leche de otras
especies, no la de la propia especie. En este sentido, la
mayoría de los niños pierden a medida que crecen
la enzima que permite digerir la lactosa de la leche, como
parte natural de su desarrollo coincidiendo con el destete.
No hay que olvidar que cada leche posee
una formulación especialmente “diseñada”
para alimentar a las crías de esa especie. Lógicamente,
el contenido de la leche de vaca no es el mismo que el de
la leche humana, aunque su aspecto blanquecino pueda dar la
impresión a simple vista de que todas las leches son
iguales. Pero la leche humana está hecha para el metabolismo
humano y la de vaca para el metabolismo de ese animal. El
contenido en grasas y proteínas de la leche de vaca
resulta excesivo para el ser humano, y las proporciones de
glúcidos y minerales también son distintas,
y además varían según la fase de la lactancia.
Por otro lado, la leche sirve de vehículo de transmisión
entre madre y bebé de una variedad todavía no
muy bien conocida de hormonas, anticuerpos y otros factores
inmunológicos.
La industrialización de la
leche empeora las cosas
Si hasta hace relativamente poco, el consumo
de leche en estado natural podía defenderse como algo
tradicional y saludable especialmente en el contexto de las
costumbres rurales, la situación hoy en día
ha cambiado radicalmente. En la actualidad, casi nadie puede
consumir leche en estado natural, y todos los productos lácteos
que existen en el mercado han sido sometidos a diversos procesos
de conservación y transformación.
Los procesos de esterilización (pasteurización,
UHT, etc.) se nos han vendido como una medida de seguridad
para el consumidor, para eliminar todos los gérmenes.
En realidad, estos procesos no "higienizan" la leche
(continúa igual de sucia, con pus, sangre, antibióticos,
hormonas), pero transforman sus cualidades convirtiéndola
en un producto "muerto". Al estar muerta, lo que
sí se consigue es hacerla menos perecedera, es decir,
que dure en los almacenes durante muchos meses, evitando pérdidas
económicas. La máxima expresión de esto
es separarla en sus ingredientes o transformarla en leche
en polvo. Pero los procesos de esterilización, basados
en calor, alteran las sustancias nutritivas (proteínas,
vitaminas, enzimas…), y junto con los aditivos que se
incorporan, sólo consiguen agravar los problemas.
Por otro lado, la industria láctea
está constantemente renovando sus líneas de
productos e intentando captar nuevos mercados, aplicando agresivas
técnicas publicitarias. Entre los productos lácteos
de consumo, existe una amplísima gama. Es curioso observar
cómo han ido intentando salvar los problemas que acarrean
haciendo modificaciones para que "se adapten a las necesidades
nutricionales de cada individuo": si la leche entera
es mala para el colesterol, sacamos leche descremada; si la
descremada "parece" agua, sacamos la semi-descremada;
si al descremar pierde las vitaminas liposolubles, añadimos
vitaminas A y D; si tienes riesgo de osteoporosis, añadimos
calcio; si tienes más colesterol, sacamos la leche
con Omega-3 (aceites procedentes de pescado) en vez de la
grasa láctea; para facilitar la digestión, leche
baja en lactosa; si necesitas fibra, leche con fibra; para
niños en crecimiento, está la leche con 12 vitaminas
y minerales. En definitiva, lo que nos venden es un "producto
industrial" que nada tiene que ver con el producto "natural"
original y sus supuestas virtudes.
Estudios que muestran lo perjudicial
del consumo de lacteos
Un sustancial grupo de evidencias científicas
suscita inquietudes sobre los riesgos de salud de los derivados
de la leche de vaca. Estos problemas se relacionan con las
proteínas, el azúcar, la grasa y los contaminantes
que contienen los lácteos. Aunque existen estudios
con resultados contradictorios, unos resaltando los efectos
favorables de los lácteos y otros relacionándolos
con diversos problemas de salud, me voy a centrar sólo
en algunos puntos que considero bastante relevantes.
Muchas personas son ya conscientes de que
la leche de vaca produce más mucosidad que cualquier
otro alimento, un moco espeso, denso, que obtura todo el sistema
respiratorio del organismo, que atasca las membranas mucosas
e invita a la enfermedad. El asma, la bronquitis, la sinusitis,
los resfriados, y las infecciones de oído se deben
principalmente a los productos lácteos. En general,
también son la causa principal de las alergias. Estas
relaciones se pueden comprobar dejando de consumir lácteos
si se padece alguna de estas dolencias.
Un grupo estadounidense de médicos
independientes, el PCRM (Comité de Médicos por
una Medicina Responsable), aporta algunas razones basadas
en estudios científicos para eliminar los lácteos
de la dieta:
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› Paradójicamente,
un problema muy relacionado con los lácteos es la osteoporosis
(pérdida de densidad de los huesos), hablaremos de
ella más adelante.
› Los productos lácteos aportan
cantidades importantes de colesterol y grasa a la dieta, que
pueden aumentar el riesgo de diversas enfermedades crónicas
incluyendo las enfermedades cardiovasculares. Existen lácteos
descremados, sin embargo, acarrean otros riesgos de salud
como se indica a continuación.
› Diversos tipos de cáncer
han sido relacionados con el consumo de lácteos, como
el de ovario (por la incapacidad de descomponer la galactosa),
y los de mama y próstata (presumiblemente asociados
al aumento de una sustancia que contiene la leche llamada
IGF-1 o factor de crecimiento similar a la insulina).
› La diabetes dependiente de insulina
(tipo I o inducida en la infancia) está asociada al
consumo de lácteos. Estudios epidemiológicos
de diversos países muestran una fuerte correlación
entre ella y el uso de lácteos.
› La intolerancia a la lactosa es
común en muchas personas, especialmente entre los de
razas no caucásicas. Los síntomas, que incluyen
molestias gastrointestinales, diarrea y flatulencia, suceden
porque estos individuos no poseen los enzimas que digieren
la lactosa.
› El consumo de leche puede que no
proporcione una fuente consistente y fiable de vitamina D
en la dieta. En los muestreos de leche se han encontrado variaciones
significativas en el contenido de vitamina D, con algunas
muestras que presentaban hasta 500 veces el nivel indicado,
mientras que otras poseían poca o ninguna. Un exceso
de vitamina D puede ser tóxico y puede provocar niveles
excesivos de calcio en la sangre y en la orina, una absorción
superior de aluminio por el organismo y depósitos de
calcio en los tejidos blandos.
› Se suelen utilizar comúnmente
hormonas sintéticas para las vacas lecheras con el
fin de aumentar la producción de leche. Debido a que
las vacas están produciendo cantidades de leche que
la naturaleza jamás previó, el resultado obtenido
es la mastitis, o inflamación de las glándulas
mamarias. Su tratamiento requiere el uso de antibióticos,
y se han encontrado restos de ellos y de hormonas en muestras
de leche y otros lácteos. Los pesticidas y otros medicamentos
también son contaminantes frecuentes de los lácteos.
› Las proteínas, el azúcar
de la leche, la grasa y la grasa saturada de los lácteos
pueden representar riesgos de salud para los niños
y conducir al desarrollo de enfermedades crónicas tales
como obesidad, diabetes y formación de placas ateroscleróticas
que pueden conducir a problemas cardíacos. La Academia
Americana de Pediatría recomienda que los bebés
menores de un año no reciban leche entera de vaca,
ya que la deficiencia de hierro es más probable con
una dieta rica en lácteos. Uno de cada cinco bebés
sufren cólicos: los pediatras aprendieron hace tiempo
que la leche de vaca era a menudo la razón. Además,
las alergias a los alimentos parecen ser un resultado común
del consumo de leche, particularmente en los niños.
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El problema del calcio
Ningún animal (en estado libre) consume
leche en su vida adulta. Y a pesar de ello, no suelen padecer
deficiencias de calcio. ¿Por qué? Sencillamente
porque las dietas que llevan les proporcionan todos los nutrientes
que necesitan para su estado de salud normal, de forma instintiva
saben qué deben comer y están preparados para
extraer de esos alimentos todo lo necesario. El problema lo
tiene el ser humano, que ya ha perdido esa referencia instintiva
y nuestra dieta está tan desnaturalizada que invariablemente
incorpora un exceso de ciertos factores y una carencia de
otros.
Pero en relación al calcio, todo
se ha construido en torno a un mito infundado que asocia la
falta de calcio en el organismo con la falta de calcio en
la dieta. Lo cierto es que nada más lejos de la realidad:
por mucho calcio que se añada a la dieta, si los hábitos
de vida en conjunto son incorrectos, las pérdidas de
calcio seguirán representando un problema. Y al contrario:
muchos pueblos indígenas con unos niveles relativamente
bajos de calcio en la dieta obtienen suficiente calcio para
mantener huesos fuertes de por vida, gracias a los factores
benéficos de su estilo de vida global.
En este sentido, existen ciertos estudios
que arrojan resultados destacables.
El Estudio de Salud de Enfermeras de Harvard, que siguió
a más de 75.000 mujeres durante 12 años, mostró
que el aumento del consumo de leche no tiene un efecto protector
sobre el riesgo de fracturas. De hecho, el consumo superior
de calcio procedente de los lácteos estaba asociado
a un mayor riesgo de fracturas.
Por otro lado, tenemos el Estudio de Nutrición
Cornell-Oxford-China, conocido como Proyecto China por haber
sido realizado en China continental y Taiwan. Es un estudio
masivo sobre más de 10.000 familias diseñado
para estudiar la dieta, el estilo de vida y las enfermedades
a lo ancho de las lejanas áreas rurales de China. Mediante
la investigación simultánea de más enfermedades
y más características dietéticas que
ningún otro estudio hasta la fecha, el proyecto ha
generado la base de datos más completa del mundo sobre
las múltiples causas de la enfermedad. En este estudio
se observó que los chinos (que tradicionalmente nunca
han consumido lácteos y en general su ingesta de calcio
es baja), presentan un riesgo muy inferior de osteoporosis,
y las fracturas de cadera allí son poco frecuentes.
Es decir, que en realidad todo apunta a
que los lácteos no ayudan para mantener huesos fuertes;
se puede reducir el riesgo de osteoporosis reduciendo el consumo
de sodio y proteína animal en la dieta, aumentando
el consumo de frutas y verduras, haciendo ejercicio, y asegurando
un adecuado consumo de calcio procedente de vegetales tales
como las hortalizas de hojas verdes, las legumbres y los frutos
secos. Por ejemplo, una ración de brécol contiene
tanto calcio aprovechable como un vaso de leche, además
de muchos otros nutrientes saludables.
Conclusión
El hecho de renunciar al consumo de productos
lácteos puede acarrear problemas, pero no para la salud
física sino más bien de tipo social o psicológico,
pues en el mundo actual se da un uso indiscriminado de productos
lácteos, que se han introducido en las costumbres más
cotidianas y además forman parte de una gran mayoría
de los alimentos elaborados que se consumen habitualmente.
Renunciar a ellos puede dar la impresión de no poder
consumir casi ninguno de los alimentos que solíamos
consumir, y de restringir enormemente nuestra variedad dietética.
La solución está, una vez más, en utilizar
nuestra imaginación, explorar nuevos alimentos y buscar
sustitutos eficaces.
Cualquier persona que se preocupe por la
salud debe plantearse la cuestión de si el consumo
de productos lácteos es realmente indispensable. Existen
muchos indicios para pensar que en realidad pueden acarrear
problemas de salud. La leche y demás lácteos
no son necesarios en la dieta, y tenemos formas de reemplazarlos
por otros alimentos más saludables. Así pues,
¿por qué seguir consumiéndolos? Una dieta
sin lácteos puede cubrir todas las necesidades nutritivas
-y sin riesgos para la salud. |